DÓNDE QUEDÓ EL TRONCAL?

Bueno, yo soy parte de esa generación que está justo en el medio. En mi casa hubo teléfono de disco, de esos que tenías que meter el dedito para poder marcar un número de teléfono y te demorabas un siglo porque tenías que esperar que el disco volviera a su posición normal para marcar el siguiente número. Los teléfonos hacían todos rin rin y no había forma de cambiarles el “ringtone”…jajajaja….luego llegaron los teléfonos inalámbricos, que en un inicio no eran ni la sombra de lo que son ahora, eran unos armatostes inmensos y con una antena que tenías que estirar con cuidado de que no le fueras a sacar el ojo a alguien; y así sucesivamente siguió la evolución de la tecnología.

En mi época de pasante, en un inicio, para que la oficina pudiera estar siempre comunicada contigo te daban un radio troncal que tenía su base en alguna parte de la oficina, por lo que debías cuidar muy bien todo lo que decías ya que era escuchado por todo el mundo. Recuerdo perfecto cuando me dieron mi primer troncal y me sentía feliz y realizada con mi mamotreto por todos lados. Cuando llegaba a las oficinas públicas le bajaba el volumen para que nadie fuera a escuchar en caso de que a mis jefes se les ocurriera darme alaridos por allí y mucho menos se fueran a escuchar los disparates que de vez en cuando algún pasante decía desde su troncal, con la finalidad de romper un poco el aburrimiento del día y de aliviar la espera que desespera en cada oficina pública.

Como ya les he contado, para esa época no tenía carro, así que recorría un tanto en taxi, muy poco en bus y otro tanto a pie, y como los ir y venir eran muchos, por supuesto que el famoso troncal se me quedó un día en un taxi. Cuando me percaté de que no lo tenía, el mundo se me quería venir encima, y ahora cómo iba a decir en la oficina que se me había perdido el preciado artefacto de comunicación móvil?? Me iban a matar!! Además de que seguramente me lo descontarían de mi salario, que ya todos sabemos que era ínfimo y que si encima me descontaban el dichoso aparato me iba a quedar casi que sin salario; o de plano me iban a botar y se me lo descontarían de mi liquidación con lo cual no recibiría ni un centavo. Todo eso pasó por mi mente y por supuesto que abrumada por las circunstancias no encontré mejor solución que ponerme a llorar amargamente.

Pasaron las horas, terminé de hacer mis deberes y me dispuse a regresar a la oficina y a pensar como iba a dar la noticia de que el troncal se me había quedado en un taxi. Llegué cabizbaja, cruce el umbral de la puerta y seguí hasta mi puesto de trabajo. Allí desempaqué en silencio todos los documentos y trámites del día cuando de pronto suena el teléfono y me dice la chica que contestó: Ilka, te llaman. Yo tragué en seco porque pensé que era alguno de los jefes y seguramente tendría que ir a entregar algún documento y decirle del trágico suceso. Todos esos pensamientos me atribulaban por segundo, hasta que llegué finalmente al auricular. Allí, del otro lado, una voz masculina que no lograba identificar me decía: Usted es Ilka?, Yo: Sí, con quién tengo el gusto?……. A lo que el Señor Respondió: Mi nombre es Mariano, usted dejó un radio troncal en mi taxi. Lo acabo de encontrar tirado en el piso de la parte de atrás del carro. Cómo hacemos para entregárselo? ……. WAO!!! fue la mejor llamada que había recibido en toda mi vida. El rostro se me iluminó enseguida y no podía dejar de sonreir. Quedé con él de acuerdo para encontrarnos en el Supercentro El Dorado porque quedaba cerca de mi casa y me podía acompañar mi mamá (nunca me he creído wonder woman ni nada que se le parezca, así que no quería arriesgarme a encontrarme con el taxista sin tener refuerzos y para mí, mi mamá era toda la caballería…jajajaja).

Colgué el teléfono y agradecí a Dios infinitas veces por el milagro que me había hecho y recordé que al radio troncal le había colocado una etiqueta con todos mis datos y un letrero que decía “Si me encuentras, devuélveme a mi dueño. Te darán recompensa”.  Gracias a Dios eran otros tiempos y cuarenta dólares fueron más que suficientes para que Mariano se fuera contento y yo recuperara mi troncal y con él mi tranquilidad y paz mental. Ahora podría seguir trabajando, nadie me iba a matar y mi salario permanecería intacto.

Por supuesto que la tecnología siguió avanzando, y con paso acelerado!!!;  ya para mi segundo año de pasante tuve mi primer celular, de esos Nokia en blanco y negro cuyo juego más divertido era el de la culebrita que se iba agrandando en la medida que no tocabas la bolita que se movía de arriba hacia abajo y de un lado hacia el otro….jajajajaja… que tiempos aquellos!!! Estoy segura que más de uno se acordará!!! y Cómo duraban!! Se caían de un tercer piso y los recogías muertos de la risa…nada en comparación a los celulares de ahora que si los miras mucho se dañan pero definitivamente nada en comparación con mi bien ponderado troncal con el que viví muchas aventuras de pasante. Tenía la ventaja de que al estar todos conectados por la misma frecuencia, siempre estábamos en contacto directo y por allí podíamos definir el lugar de encuentro para el almuerzo, así como recibir alertas de las calles que no debíamos transitar porque estaban colapsadas. En fin, nos daba cercanía y nos permitía ayudarnos unos con otros. Definitivamente una bella parte de mi Vida!

 

 

 

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