Mi Yaya

Cuando pienso en Yaya, no puedo evitar llenarme de emociones. Ella era la matriarca de mi pequeño núcleo familiar formado por cuatro mujeres: Mi mamá, mi tía Grettel, mi Yaya y yo!. Como ya les había comentado antes, ellas son MIS TRES REINAS MAGAS y Yaya era la Comandante General en Jefe encargada de todo el batallón. Ella era la Reina Madre que nos iluminaba con su alegría, que nos aconsejaba en cada paso, que nos cuidaba a capa y espada, en fin estaba siempre pendiente de nosotras y nosotras de ella. Era una mujer de carácter fuerte, nunca se dejó amilanar por las pruebas de la vida y eso que le puso bastantes!!! pero al mismo tiempo estaba llena de amor, de alegría y de muchos dichos!! y Gracias a ella, “No eramos muerto sin cabecera”, No Señor! Para eso la teníamos a ella!!

Me encantaba escuchar los cuentos de su juventud, las fiestas y los bailes a los que asistía de joven, siempre con alguna de las “tías” como chaperona, porque en ese entonces Dios nos libre de que una Señorita saliera sola por allí a una fiesta!!. Narraba todo con tanto detalle que uno se podía transportar con gran facilidad; casi podías escuchar la música, las carcajadas, sentir la brisa, disfrutar la velada como si hubieses estado allí.

Y qué decir de los cuentos de los enamorados que aparecían por aquí y por allá!! y es que la Niña Delmirita, como la llamaban sus tías, era como una muñequita hermosa, llena de vida, que muchos galanes querían conquistar!! Sin embargo, ella fijó sus ojos sólo en uno y me atrevería a decir que ese fue el amor de su vida!

No puedo dejar por fuera los cuentos de Orconcito, los veranos en esas playas que según sus anécdotas disfrutaron muchísimo!!

Terminó sus estudios de maestra y se casó con Don Edgar, caballero guapo, de porte elegante, delgado y soñador con el que tuvo a sus tres retoños: Ilka, Grettel y Erick, a quienes amó infinitamente hasta el último segundo de sus días. La vida los llevó a recorrer diferentes países en búsqueda de mejores oportunidades laborales para Don Edgar y en esos ires y venires estuvieron en México, Costa Rica y Guatemala. Pero como ESTO ES VIDA! y las cosas no salen siempre como queremos, la Niña Delmirita sufrió reveses en materia del amor y descubrió que Don Edgar había decidido hacer una vida  con otra Señora.  A pesar de esto, jamás habló mal de él, nunca tuvo una sola mala palabra o mal pensamiento hacia él y nunca envenenó el corazón de sus hijos en contra de su padre. Por el contrario, siempre habló de lo trabajador que era, de lo inteligente, visionario y adelantado a su época. Sin embargo, él sólo decidió desaparecer de sus vidas y más nunca supieron de Don Edgar, más que por vagas referencias de algunos familiares.

Así, haciendo de tripas corazón y llenándose de fuerzas por sus tres retoños, regresó junto con sus hijos a Panamá. Desde allí su vida se convirtió en toda una aventura haciendo malabares para sacar adelante a su familia, una mujer sola, con tres hijos, en aquella época no era nada fácil. Si en estos días es difícil, teniendo en cuenta que las mujeres están mejor preparadas profesionalmente y teniendo oportunidad de ocupar puestos laborales en todo tipo de ramos, imagínense cómo sería en aquella época en donde la mayoría de las mujeres eran maestras, secretarias o amas de casa!!

Así pues, mi Yaya retomó su magisterio y fue nombrada como maestra en distintos lugares, algunos años le tocó dar clases en escuelas rurales que se encontraban bastantes remotas, en donde debía llegar a caballo, mientras sus hijos se quedaban bajo la tutela de sus hermanas, tía Fifi y tia Marta, que en todo momento apoyaron a mi Yaya y han sido las segundas madres de “los tres angelitos de Delmirita“, como les decía de cariño mi bisabuela. Y es que para Yaya sus hijos eran los mejores niños del mundo y no había niños mejor educados y bien portados en toda la República!!! Lo que no sabía ella era que estas tres hermosas criaturitas se hacían maldades entre ellos, jugaban en el patio de la casa y paseaban a mi mamá en un carrito diciendo: “AQUÍ VIENE LA REINA DE LA BASURA”!!! y le hacían burla!!….o cuando más grandecitos aprovechaban las fiestas que hacían los grandes y se cogían las colillas de cigarrillos que encontraban mal puestas!!! Qué “Angelitos” que tenía Delmirita!! Y después se quejan de uno!! Si con toda esa carga genética qué se hace?!!!

Mi Yaya fue una docente consagrada, inspiraba con sus clases a los niños y sacaba lo mejor de ellos! Tenía entre sus dones la Escritura, la Poesía, el Canto y el Baile, así que aprovechaba para ponerlos todos en práctica haciendo quermeses en el colegio para que los estudiantes participaran. Sus alumnos la amaban, tanto como ella los amaba a ellos. Y es que quién podía resistirse a los encantos de Delmirita!!

Recuerdo muy bien, que cuando salíamos a pasear, se encontraba con antiguos alumnos y alumnas, todos  Hombres y Mujeres hechos y derechos que se acercaban con cariño a saludar a su maestra. Yo me sentía muy orgullosa de ser su nieta y de caminar de su mano. Era un ejemplo vivo de perseverancia, lucha y tesón pero al mismo tiempo era un ejemplo de amor, alegría y fe en Dios.

No había nadie en el vecindario donde vivíamos que no conociera a Doña Yaya, allá en mi Tangamandapio era la más famosa de las abuelitas, siempre tenía un consejo y una palabra amable para quien la necesitara. Y así mismo tenía a flor de piel una “cuchifleta” para el que no estaba haciendo las cosas tan bien o se estaba desviando del camino.

Era la mejor cocinera, todo lo que hacía le quedaba divino!! y era una panadera y repostera de clase A!! Todavía puedo cerrar los ojos y sentir el aroma del pan recién hecho o de las empanaditas de carne o de pollo que nos hacía. Y qué les digo de los dulces: un Pie de Limón insuperable!! y un dulce de marañón con el que podrías alimentar a los dioses de lo bueno que era! Desde su partida no he vuelto a comer Chupe de Camarones, ni mondongo y fue la única persona en todo el Universo que me hizo comer bacalao, pero es que todo le quedaba tan bueno que era imposible negarse!!

Le encantaba tener gente en la casa y las comidas con manteles largos para sacar a lucir la vajilla y el juego de bandejas de porcelana. Cada vez que podía inventaba alguna buena excusa para reunir a la familia y pasar un buen rato ameno entre todos. Y no podía escuchar música porque enseguida quedaba bailando!! Todavía me sé de memoria la canción “LA HIERBITA”, con música típica panameña y que ella ponía en el radio de la sala y bailaba hasta solita se era necesario. Qué lástima que no saqué sus dotes de bailarina y muy por el contrario tengo dos pies izquierdos!!

Mi Yaya tenía el corazón tan grande, que no sé cómo le cabía dentro del cuerpo!!! Con ella nunca nadie se quedaba sin comer y fui testigo de ocasiones en que hacía casi que el milagro de la multiplicación de los panes, ya que no había persona que llegara a la casa a la que ella no atendiera y le diera comida. Con ella aprendí que uno NUNCA, NUNCA pelea la comida, que siempre hay para todos y para todos por igual!! Que el Señor que hace el jardín y que llegó tempranito a la casa, seguramente salió de su casa sin probar bocado y por lo tanto hay que prepararle un buen desayuno; que a los Señores del camión de la basura cada vez que se pueda se les debe dar algún aguinaldo, ya sea ropa, zapatos, comida, etc. y que en Navidad no hay nada mejor que dar!! Así pues, el camión de la basura hacía una parada obligatoria la mañana de Navidad en mi casa y nos despertaba a nosotros y a todo el vecindario con Gran Algarabía para que mi Yaya saliera con sus platitos de comida para cada uno, de lo que había hecho para cena la noche anterior. Los tenía mal acostumbrados y malcriados a todos!! pero eso sí, cuando ellos veían a la “tía” que no había sacado la basura, le preguntaban que si tenía algo para botar o si la veían que salía a lo lejos, la esperaban y alguno corría a su encuentro para cargarle la bolsa. Ella simplemente era alguien muy especial que se ganaba el cariño y el amor de todos!!

Pero no te creas que todo era dulzura con mi Yaya!! A ella no la podías coger de tonta JAMÁS!! así mismo como tenía de bondadoso el corazón, tenía más espuelas que un gallo de pelea y era más maliciosa que nadie que yo haya conocido antes. Tenía un buen instinto para todo, para lo bueno y para lo malo.

Llevaba un libro RECORD de todos los pagos que le hacía a la “asistente del hogar”, así como a cualquier trabajador de electricidad, plomería, jardinero, etc. y les hacía firmar el libro cada vez que les entregaba un pago. Ella decía que allí quedaba registrado y que así el día de mañana nadie le iba a estar reclamando tonterías y mucho menos la iban a llevar al Ministerio de Trabajo diciendo que ella no había pagado esto o aquello. Registraba allí vacaciones, decimo tercer mes, ausencias, en fin todo!! Nada se le escapaba.

También tenía otro libro en donde anotaba todos los miércoles y todos los domingos el sorteo de la Lotería y es que como en ese tiempo no existía el Internet, ni se podía consultar el Sorteo en ninguna parte, ella se había dado a la tarea de ser centro de consulta de la Lotería Nacional de Beneficencia, y sus amigos y familiares, que ya sabían que ella anotaba religiosamente cada sorteo, la llamaban siempre para preguntarle qué números habían salido. Así que ella se sentía muy orgullosa de su registro, tanto así que si ella no podía por X o por Y motivo anotar el Sorteo me designaba la tarea y Ay! de qué se me escapara algún número! Atenta Niña!! Atenta al sorteo!! Anote por favor!!

Cada vez que tenía que ir a cobrar su cheque de jubilada, hacía una parada religiosa en El Machetazo, una tienda por departamentos que existe aún en nuestros días. Recuerdo que no me gustaba mucho ir a ese establecimiento comercial porque me parecía muy enredado, tenía muchas escaleras y niveles, y cada vez que subías o bajabas quedaba en un lugar diferente al que se suponía deberías estar. No en vano me perdí allí una vez de pequeña!! La cosa es que un año el Almacén sufrió un Incendio y recuerdo claramente como en la escuela una compañerita y yo lo celebramos porque pensábamos que nuestras abuelitas ya nos nos iban a poder llevar más allí!! Qué ilusas!! Resulta que lo restauraron rápidamente y abrieron otro más para que siempre el público consumidor tuviera alguna alternativa!! Así que nuestra celebración duró poco y en un corto tiempo estábamos de regreso a la rutina con nuestras abuelitas. La verdad es que hoy en día pienso y no sé por qué no me gustaba el lugar si tienen de todo!!! Varias veces me ha sacado de apuro y he conseguido cosas que no he podido conseguir en otros lados.  Ya me tocará mi revancha y llevaré a mis nietos de visita!! jajajajajja.

Mi Yaya, me enseñó a rezar, a cantarle a Dios cuando sientes miedo, a hablarle cuando algo te preocupa y darle gracias todos los días por todo lo que nos rodea. Ella tenía una conexión directa con él y cada vez que ella le pedía, él se lo concedía. No habían tiempos buenos, ni malos en los que Dios no estuviera presente en un 100%

Así mismo tenía su lado de brujita, algunos dones de ver más allá de lo evidente y de sanarte con sus manos. Hasta el sol de hoy, nunca he tocado unas manos más suaves que las de mi Yaya y eso que estamos hablando de una mujer que trabajó, cocinó, coció y fregó toda su vida, sin embargo sus manos eran más suaves que las de un bebé. Con ellas podía curarte dolores corporales y frotándote el pecho podía hacer desaparecer resfriados. Tenía mil recetas caseras para toda clase de enfermedades y le encantaba recetar medicinas a diestra y siniestra!!!

A pesar de sus diabetes y de sus altas y bajas de azúcar, nunca se dejó decaer y siempre vivió con alegría y espontaneidad su vida. No hubo un sólo paseo que se perdiera, ni un sólo mandado al que no quisiera acompañarte. Ella siempre estaba allí, al pie del cañón, pendiente de todos.

Tenía a sus amigas a las que visitaba de vez en cuando y algunas otras con las que hacía conferencias telefónicas larguísimas!! Y había alguna que otra vez en donde su interlocutora hablaba tanto que ella echaba uno que otro sueñito en medio de la conversa.

Era campeona No. 1 de quedarse dormida viendo la televisión, Eso era parte de sus super poderes!! pero eso no significaba que podías cambiar el canal, NO SEÑOR!!, ella tenía un séptimo sentido que siempre estaba activado y por más que estuviera dormida profundamente si te acercabas a la tele a cambiar el canal ella siempre, siempre se iba a dar cuenta y te iba a decir: Por qué me cambias el canal? Yo no estoy dormida, estoy descansando la vista!! y no te quedaba más remedio que dar media vuelta, sin replicar ni una palabra por más que hubieses estado escuchando sus ronquidos!!!

Hasta el último día de su vida amó intensamente y creyó en el amor. No en vano a sus 80 años de vida todavía tenía un enamorado con el que disfrutó gratos momentos y a quienes todos quisimos mucho, como parte de nuestra familia. Con él salía de paseo, iban a comer, escuchaban música y compartían anécdotas de juventud. De hecho era la única de las tres reinas magas que tenía autorización de mi parte para volverse a casar!! jajajajjaja.

Así era mi Yaya!! ÚNICA!! era la columna vertebral de nuestro pequeño mundo y con su partida dejó un gran vacío en nuestros corazones. No hay un sólo día de mi vida que no la recuerde y que no la tenga presente. Me enseñó mucho y tengo con ella muchos recuerdos y anécdotas, tantos que podría seguir escribiendo y nunca acabar! Cada vez que pienso en ella sonrío y me doy cuenta lo afortunada que soy por haberla tenido en mi vida y porque sé que desde el cielo nos sigue cuidando y amando tanto como lo hizo mientras estaba con nosotros en este mundo terrenal. Gracias Yaya por todo, por toda tu vida, por todas tus fuerzas, por todo lo que hiciste por nosotros. Gracias por guiarnos, por amarnos, por permitirnos formar parte de tu historia que al mismo tiempo es nuestra historia y como tal, es parte de este camino llamado VIDA!!

 

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