Y ASÍ SIN MÁS, LLEGÓ MI PRIMERA HERMANA

Como ya les he relatado, soy hija única. Mi padre murió cuando yo tenía tan sólo cuatro años de edad y así fue Cuando conocí por primera vez a la muerte. Mi madre no se volvió a casar, ni tuvo más hijos, por lo que ella se convirtió en mi compañera de juegos y mi amiga incondicional. De hecho, recuerdo que para mí no había nadie tan divertido como ella; y pasar el tiempo juntas era una de las mejores cosas que me podían pasar. Lo disfrutaba muchísimo!!! Sin embargo, estaba claro que también disfrutaba de la compañía de los niños de mi edad y mi madre siempre me alentó a no ser casa sola y jugar con todos.

Mi primera experiencia, con niños fuera de casa, fue en el pre-kinder, que dicho sea de paso, como entré cuando sólo tenía 2 años y medio, (que es lo que hoy llamamos maternal, pero que en ese tiempo no existía) tuve que hacerlo dos veces hasta alcanzar la edad correcta para ir a kinder. En esas andanzas estaba yo cuando encontré a la que sería mi compañera inseparable de juegos y que se convertiría en la primera hermana que me regaló la vida.

Resulta, (Ojo que esto me lo cuenta mi madre porque yo tengo recuerdos muy vagos de aquella época) que el primer día de clases, me fueron a dejar al pre-kinder mi mamá y mi papá. Ambos estaban nerviosos pensando en que su “princesita” se quedaría por primera vez en un lugar desconocido y sin su mamá; veían a los niños que llegaban llorando, haciendo pataletas y pucheros porque no querían quedarse en aquel lugar. Mi papá preparado con su cámara para captar el momento (él amaba las fotos y gracias a eso tengo un compendio bastante bueno y detallado de mis primeros años de vida, le tomaba foto a todo!! Nada se le escapaba!!). LLegada la hora, se despidieron de mí y se quedaron allí parados mirandome y diciéndome adiós. Yo entré a la escuelita y los vi a través del vidrio y regresé a donde ellos estaban (en sus cabezas yo estaba regresando porque me iba a poner a llorar en 3,2,1….) y les dije: “Ciao, ya se pueden ir”. Se podrán imaginar la cara que habrán puesto de perplejidad cuando su dulce hijita de 2 años y medio prácticamente los estaba hechando del lugar. Y así, sin más, comenzó mi vida escolar. Y es que para mí, a diferencia de otros niños, la escuela era un lugar divertido en donde había niños por doquier, lo que se traducía en innumerables oportunidades de jugar y de hablar (y que conste que esto fue así por mucho tiempo, si no pregúntenle a las pobres monjitas del Kinder y sobre a todo a la madre superiora que me enseñó un sin número de canciones y poesías que luego presentaba en el Acto de Fin de Año, y mis padres se preguntaban por qué yo salia en todos los actos de la escuela??….y era que ese fue el único modo que las pobres monjas encontraron para mantenerme quieta y entretenida, sin que interrumpiera a los demás).

Allí, en ese primer día de clases de 19…no me acuerdo, conocí a mi primera hermana en todo el mundo. Y es que teníamos algo en común, las dos eramos hijas únicas, así que nos hacíamos mutua compañía. A veces las personas me preguntan que si no extrañé tener una hermana o hermano, alguien con quien jugar, alguien con quien pelear, con quien conversar todo el tiempo y mi respuesta es siempre la misma: “No, la verdad es que no” y cada vez que lo digo la tengo a ella en mi cabeza. Y es que con ella viví todas las etapas que puede vivir una niña con su hermanita; con ella jugué a las muñecas, pasábamos horas de horas acomodando la casa de la Barbie y todos sus accesorios, creo que entre las dos podíamos armar una barriada completa de la Barbie….amábamos jugar con ellas, peinarlas, vestirlas, en fin, era nuestro juego preferido. También fuimos super fans de Mario Bros y expertas cazadoras de patos con la Consola del Nintendo. Pero no todo era color de rosa, también nos peleábamos, nos halábamos las greñas y ella practicaba una que otra patada que había aprendido en su arte marcial favorito. Yo la acompañé de vez en cuando a sus clases de patadas, mientras que ella me fue a ver algunas veces a mis recitales de ballet y así estábamos siempre juntas, siempre compartíamos todo.

Cuando se terminó el kinder, debíamos cambiar de escuela y fue la mayor alegría cuando la vi el primer día de clases del nuevo colegio, habíamos quedado en el mismo salón y la felicidad era completa!!. Así se reafirmó más aún nuestra amistad y desde entonces hemos sido inseparables.  Hemos compartido los buenos y los malos momentos, las alegrías y las tristezas, las decepciones amorosas y los verdaderos amores, los casamientos, las llegadas de los hijos, en fin, toda una vida.

La ventaja de tener una hermana que tenga tu misma edad es que lo puedes compartir absolutamente todo: la ropa, los zapatos, los accesorios, en fin, todo!! y así fuimos durante nuestra adolescencia. Además de poder ir a todas las fiestas y discotecas juntas, lo que no sólo nos daba seguridad a nosotras, sino también a nuestras madres porque sabían que estábamos acompañadas y nos cuidábamos mutuamente.

Teníamos el mismo grupo de amigos, así que también íbamos juntas al cine, a las ferias, en fin, a todos lados. Cada vez que había un celebración familiar implicaba que también nos tocaba participar a nosotras, éramos bien conocidas por toda la familia de la una y de la otra, tanto así, que cuando no asistíamos nos extrañaban. Fuimos juntas al interior del país, a vacacionar de fin de semana al “Cerro”, a la playa, al río, al lago y cuanto lugar se puedan imaginar.

Las conversaciones telefónicas durante la adolescencia eran kilométricas y a pesar de que la compañía telefónica tenía un lema en donde decía: “Use no abuse del teléfono, sea breve y tendrá un mejor servicio” (jajajajajaja….seguro se están acordando de esto todos los que vivieron en Panamá en esa época), no había suficiente tiempo en el mundo para hablar. Hasta las tareas las hacíamos por teléfono!! Oh por Dios!! (ahora que lo pienso, entiendo la furia de mi mamá cuando llegaba a la casa y me llamaba la atención porque había pasado horas tratando de contactarnos y no había podido porque el teléfono estaba permanentemente ocupado….pero eso se acabó el día que la compañía de teléfono decidió poner el famoso tono de llamada en espera…Gracias por eso!!!….jajajajaj)

Para la Universidad nos tocó separarnos, yo me quedé en Panamá estudiando leyes y ella se fue a estudiar al extranjero. Sin embargo, siempre estuvimos en contacto y ella venía a Panamá todos los años para las vacaciones. Esta época Universitaria fue divertida, y al mismo tiempo tormentosa, me pasaron muchas cosas (pero eso será parte de otro post) y a pesar de que ella siempre estuvo conmigo a la distancia, doy Gracias a Dios por el resto de mis hermanos y hermanas de otras madres y padres que estuvieron junto a mi (No se me acongojen que cada uno va a tener su historia, vamos por orden de llegada, según el Universo nos fue poniendo en contacto,…ustedes saben que los amo a todos!!)

Cuando regresó a Panamá, yo no cabía en el pellejo de la alegría, finalmente mi hermanita estaba de regreso y la podría tener para mi sola, pero no era así, había llegado a nuestra vida mi querido Compadre y había llegado para quedarse. Así que ahora me tocaba compartirla. Pero como mi Compadre es un tipazo a todo dar, como dirían los mejicanos, siempre nos ha dado nuestro espacio y alguna que otra vez le ha tocado también chismosear con nosotras, reir y llorar. Cabe destacar que es un ser humano maravilloso, buen esposo y padre. En los últimos años le ha dado por ser coach de vida saludable en las reuniones sociales, y alentarnos para que comamos mejor, hagamos ejercicio, etc., y aunque desprecia mis ricos manjares por ser poco saludables, sé que pone su mejor intención en todo lo que hace y que predica con el ejemplo. Pero lo más importante de todo, y dicho sea de paso es su mejor cualidad, es que ama a mi hermana inmensamente y la hace feliz.

Vinieron los matrimonios ( el de ella con mi Compadre y el mío con el Guerrero, del cual hablaremos largo y tendido en otra historia) y luego llegaron los hijos y con ellos nuestras vidas caóticamente hermosas. Hemos podido compartir cada etapa  y así espero que sigamos compartiendo juntas esta montaña rusa de la vida hasta que estemos viejitas y más allá.

Nunca podré agradecer lo suficiente al Universo que conspiró a nuestro favor, poniéndonos en  el lugar correcto y a la hora precisa ese primer día de clases de pre-kinder cuando recibí uno de los mejores regalos que la vida me pudo dar.

Y es que tener una hermana y que la misma haya llegado a tu vida por arte de magia, no tiene más definición que un maravillo milagro de la vida!!

6 comentarios sobre “Y ASÍ SIN MÁS, LLEGÓ MI PRIMERA HERMANA

  1. Está increíble el blog y este post es clarito como el agua. Formar parte de ese grupo por algunos años definitivamente fue lo mejor que a mí me pasó llegando de otro país.

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