El Rey Momo

Esta es una historia laaaaaarga!! así que si estás leyendo esto, ojalá tengas un poco de tiempo para poder contártela toda.

Resulta que era el año de 1995 y me fui a los Carnavales por primera vez en la vida a Las Tablas con la Primera Hermana que la Vida me dio , (Para aquellos que no conocen Panamá, la Ciudad de Las Tablas es la capital de la Provincia de Los Santos, está situada más o menos a 4 horas de la Ciudad de Panamá y es el epicentro de los Carnavales de la República, de hecho no hay un lugar en donde se vivan tanto los Carnavales como en esta parte del país. La gente lleva en las venas aquello de Calle Arriba y Calle Abajo y mucha de la economía del lugar gira en torno a esta actividad) . Yo estaba feliz de poder ir a ver en vivo y a todo color los famosos carros alegóricos, las tunas, la mojadera, los fuegos artificiales, en fin, todo de lo que tanto se habla cuando de Carnavales en Las Tablas se trata.

Si no me equivoco llegamos un viernes de Carnaval, ya se sentía la algarabía en el pueblo y en el Parque las personas practicaban las tonadas, cada uno en su esquina, Calle Arriba y Calle Abajo respectivamente. Ese día era viernes de coronación, por lo que había que emperifollarse para salir en la noche a ver la coronación de la reina y luego disfrutar del baile y la discoteca. Todo era música, luces y ambiente de fiesta.

En la casa que nos estábamos quedando vivía una familia muy querida para la Primera Hermana que la vida me dio y por lo tanto ya eran conocidos por mi también. Al único que no conocía, o que por lo menos no había tratado mucho era al hijo mayor del cabeza de familia, el cual tenía nuestra misma edad y siempre que la Primera Hermana iba por esos lares, él se aparecía a echar cuentos con ella y a dar vueltas por el pueblo; así que me tocó esta vez compartir la rutina de pasear por las calles, conocer a las personas del lugar y aprender un poco de cultura general sobre Las Tablas.

Recuerdo que me llamó la atención su porte, porque era un muchacho muy alto, además de que tenía un muy buen sentido del humor; era muy fácil reírse cuando él estaba cerca. Como era oriundo de Las Tablas tenía el acento propio del lugar, lo que a mi se me hacía muy gracioso así que fue muy fácil hacernos amigos y conversar a diario.

Siguieron avanzando los carnavales, participamos de la mojadera o “culecos” que se daban alrededor del Parque Central del pueblo todas las mañanas.  La dinámica es la siguiente: los carros cisternas se colocan alrededor del parque y con sus grandes mangueras mojan a chorros a todo el que esté cerca. Usualmente hace mucho sol y por ende hay mucho calor así que cuando recibes ese chorro de agua fría sobre ti, lo agradeces y lo sientes delicioso, incluso pides más!!. Al rato salen las reinas, cada una desde su calle, con sus respectivos carros alegóricos llenos de mucho colorido; detrás de cada reina viene su murga tocando con alegría tonadas tradicionales del carnaval y algunas tonadas nuevas que han elaborado para hablar mal de la reina de la calle contraria.  Cada vez que la reina pasa con su murga la gente se “prende”, todo el mundo salta, baila, en fin, se llena de alegría. Cabe destacar que la gente toma licor desde que amanece hasta que anochece y hay uno que otro espectáculo poco decoroso, pero entre  tantas cosas dignas de ver y mencionar sobre el Carnaval de Las Tablas, seria poco provechoso detenernos a hablar sobre lo malo en lugar de elogiar lo bueno, la esencia del Carnaval y el disfrutar de la alegría de la gente.

La casa en la que nos estábamos quedando estaba situada en el área que correspondía a Calle Abajo, así que allí sólo se podía hablar bien de la reina de la calle y echarle contra a la de la calle arriba; era casi pecado decir que el carro de la calle contraria había estado más bonito o elegante.

Luego de los “culecos”, que podían terminar alrededor de las 3:00 p.m./4:00 p.m., las personas son desalojadas del Parque Central para que se retiren a sus casas a comer, a cambiarse la ropa mojada y a descansar (aunque he visto un par que viven con la misma ropa los 4 días de carnavales y que no tienen ni a donde quedarse, pero todo se vale por estar en el mejor carnaval del país. La gente hace cosas insólitas para estar allí.)

En la noche la gente vuelve a salir y el parque se va llenando nuevamente poco a poco. Las reinas salen con carros alegóricos majestuosos, con decoraciones que son dignas de los más grandes genios creativos y que seguramente llevaron meses de cuidadosa preparación. Siempre acompañadas por sus murgas y tonadas.

Finalmente llegan los fuegos artificiales, hay un despliegue de colores en el cielo y es un espectáculo maravilloso y digno de admirar. Por la calle la gente baila, ríe y disfruta el espectáculo. La algarabía, la música y el ambiente de fiesta recorre cada rincón y es imposible no contagiarse. Son 4 días en donde la realidad no existe, todo el mundo es amigo, no hay diferencias, no hay problemas, es un mundo paralelo.

Así, en ese contexto, celebrando la fiesta del Rey Momo, conocí al que sería mi primer enamorado (como le diría mi Yaya, porque novio jamás, “Novio es el que se va a casar”, me decía), este era el primero de esos amores de adolescente que tienen una emoción diferente, que no piensan más allá del tiempo, que viven el presente y el ahora, que cuando lo tienes por primera vez te parece que va a ser eterno.

Para ese entonces estábamos de vacaciones de verano y a punto de entrar al quinto año de escuela secundaria. Sinceramente no pensé nunca que sería una relación significativa, incluso pensé que después de aquel carnaval no lo volvería a ver. Y con ese pensamiento partí de regreso a Panamá mientras él se quedaba en Las Tablas para seguir con su vida.

Llegué a la casa muy contenta, contándole a Mis Tres Reinas Magas todo lo que había visto y lo que había vivido y no recuerdo si les hablé o no de este Rey Momo que había conocido. Lo cierto es que pocas horas después de mi llegada, sonó el teléfono de la casa y para mi sorpresa era él.  No sabía muy bien ni qué decirle, ni de qué hablar pero recuerdo que fue una conversación amena y tranquila, las cuales siguieron con frecuencia cada semana desde aquel día.

Comenzó la escuela y estábamos llenos de tareas, actividades, en fin, mil cosas, creo que para nuestros padres era bastante conveniente que estuviésemos a varios kilómetros de distancia el uno del otro porque costaba mucho trabajo que pudiésemos vernos, sin embargo se llegó Semana Santa y el Rey Momo cogió sus muleles y aprovechó los días libres para venir a visitar, muy casualmente, a su tía en Panamá. Así que aprovechó para visitarme a mi también y para conocer a MIS TRES REINAS MAGAS.

Esa fue la primera de un sin fin de idas y venidas de Las Tablas a Panamá y de Panamá a Las Tablas. Por supuesto que más suyas que mías, porque yo sólo podía ir si había alguna actividad en particular en donde un grupo grande fuera a participar. Y así fue como conocí la Feria de Azuero, el Festival de la Pollera, entre otros.

Finalmente terminamos la escuela secundaria (Oh Sí!! El Rey Momo había sido persistente y de alguna manera mantuvimos la relación y el contacto durante todo el año, llegaron nuevamente los carnavales, luego la escuela con su último año y todo lo que conllevaba ser graduandos; estábamos a casi dos años de habernos conocido…cómo pasa el tiempo!).

Fue entonces cuando El Rey Momo decidió venir a vivir a Panamá y mudarse del interior a la Ciudad. El primer año que llegó fue divertido porque nunca habíamos estado realmente en el mismo lugar los dos y como él no conocía casi nada, paseábamos bastante y le mostraba los sitios más destacados. Consiguió trabajo, yo entré a la Universidad y así seguimos nuestras vidas como una pareja de enamorados normal; con varias idas y venidas a Las Tablas, a los Carnavales, a las Ferias y a un sin fin de actividades más. Siempre había algo que hacer y teníamos toda la fuerza y energía de la juventud para hacerlas.

Sin darnos cuenta había pasado el tiempo y ya teníamos 5 años de conocernos. Habíamos crecido, teníamos nuevas responsabilidad y nuevos retos y ya no eramos esos niños que se habían conocido a la tierna edad de 17 años en medio del jolgorio y la algarabia propias de la fiesta de El Rey Momo. Yo ya no era una niña y él ya no era el muchachito interiorano que hablaba gracioso, ahora todo era más complicado, como suele ser complicada la vida de los adultos.

Pusimos un negocio de venta de equipos de sonido y conseguimos la distribución de una marca, él se encargaba de atender el negocio mientras yo trabaja en una firma de abogados; ya había pasado la etapa de mi vida como pasante  y ahora tenía un trabajo de Asistente Legal en donde poco o nada salía de la oficina. Cuando terminaba mi jornada laboral iba directo a la Universidad de donde salía a las 10:30 p.m. y a donde el Rey Momo me pasaba a buscar para llevarme a la casa. En el trayecto aprovechábamos para contarnos cómo había estado nuestro día y alguna que otra vez nos escapábamos a cenar para olvidarnos de los deberes. Los fines de semana estábamos los dos en el negocio y cuando no era así, seguramente estábamos en alguna competencia de equipos de sonido para carros, que en aquella época se pusieron muy de moda, un poco al estilo de la película “Rápido y Furioso”. Los pelaos competían por quién tenía el mejor carro, quién tenía el equipo de sonido que sonaba más duro o el que tenía mejor calidad de sonido. Recuerdo haberme subido a carros en donde no podías ni tragar de la cantidad de bajos que tenían. Era definitivamente un mundo al que sólo pertenecían los aficionados a los carros y a los equipos de sonido, pero en ese mundo él se había hecho conocido y popular. Tenía muchos amigos nuevos y los buscaban de todas partes para que les armara los equipos a sus carros. Incluso empresas comerciales lo buscaban para que les instalara Unidades Móviles de sonido. El negocio iba viento en pompa.

Pronto comenzamos a hablar de matrimonio y de las posibilidades de comprar un apartamento pequeño al cual poder mudarnos cuando nos casáramos. En esas estábamos cuando descubrimos que yo estaba embarazada. La verdad es que la noticia nos cayó como balde de agua fría porque no era algo planeado, sin embargo, decidimos seguir adelante con nuestros planes. El embarazo fue difícil (en otro post hablaremos sobre esto con detalle, estoy segura que habrá muchas chicas que se podrán identificar cuando lo escriba) y no llegó a término, a los cinco (5) meses de gestación me dieron contracciones y me llevaron de Urgencia al Hospital en donde di a luz al bebé de forma prematura. Sólo vivió dos horas y aunque su paso por este mundo fue fugaz como una estrella, su espíritu ha vivido por siempre presente en mi corazón.

Recuerdo que llegó una psicóloga cuando todavía estábamos en el hospital y habló con nosotros. No se me olvidan sus palabras: “Esto los puede hacer más fuertes como pareja, pero si no lo saben lidiar, los puede separar para siempre”. Nos miramos y no dijimos nada, nos mantuvimos en silencio, pero dentro de nosotros sabíamos que ya nada podría ser igual. Sin embargo, pasamos el luto y seguimos avanzando. Eso ya lo había aprendido desde la primera vez que conocí a la muerte, la vida sigue su curso a pesar del dolor que puedas sentir en tu corazón y hay que seguir viviendo.

Pasó el tiempo, poco a poco nos fuimos recuperando y llegó el momento en que habíamos pasado la página y comenzábamos nuevamente a retomar nuestras vidas y la rutina del trabajo, la Universidad y los compromisos relacionados con el negocio.

El auge de los equipos de sonido estaba en su apogeo, como todo en nuestro país, era en ese momento una moda que estaba fuerte y que había que aprovechar. Eso hacía que El Rey Momo se sintiera cada vez más seguro de sí mismo, más popular y podría decir yo que más poderoso. Y como bien decía mi Yaya, “El que poco ha tenido y llega a tener, loco se ha de volver”, así que al Rey Momo le fueron dando ataques de locura momentánea y otras veces ataques de amnesia temporal….jajajajajajajaja…ahora me río de acordarme las cosas que hacía y que me decía….inventaba unos cuentos que sólo yo me creía….jajajajaja….ahora me da risa, pero en ese tiempo me la pasé super mal.

Comenzó a llegar a altas horas de la noche a la casa, con la excusa de que la tienda había estado llena de clientes y que le había sido imposible salir antes; llegaron las famosas reuniones nocturnas de “Sólo hombres” con clientes clandestinos que yo no conocía y finalmente los viajes de fin de semana al interior en donde yo no podía participar.

Ya habían pasado casi 8 años desde aquel primer Carnaval y creo que nos conocíamos lo suficiente para saber que él no me decía la verdad y que yo estaba llegando al límite de mi paciencia.

En su afán por tratar de “protegerme” se inventó un sin fin de mentiras que iban desde las excusas más disparatadas hasta trabajos que nunca existieron. Así, en esas andanzas estaba el Rey Momo, cuando decidí quitarme la venda de los ojos y ponerle fin a todo el tormento. Al fin y al cabo yo era la única que le tenía aprecio porque mi familia lo alucinaba y mis amigos lo odiaban y con justa razón porque todo el mundo se daba cuenta de la fichita en la que se había convertido.

Un día, le pedí a algunas de mis hermanas que la vida me dio mientras trabaja en una de las firmas de abogados de la localidad, todas mujeres hermosas y de gran corazón! ( ya les contaré cómo las conocí y lo hermosa de nuestra historia!) que me ayudaran a enfrentar a El Rey Momo y a ver con mis propios ojos los nuevos menesteres a los que se dedicaba. Yo pensaba que la única forma de terminar por completo con esa relación, la cual definitivamente había llegado a su fin y que por alguna razón ambos nos negábamos a aceptarlo, era desilusionarme tan profundamente que no hubiese ni un sólo espacio a la duda. Mis hermanas aceptaron a ayudarme y servirme de apoyo y así fue que  alquilamos un carro, ya que El Rey Momo conocía a la perfección los carros de todas ellas, y nos fuimos de incógnitas hasta llegar a unos pocos metros de donde se encontraba el negocio. Allí esperamos con paciencia hasta que finalmente lo vimos salir de la oficina con una rubia, llegaron hasta la entrada del local y allí se besaron como dos enamorados ante los ojos de todos los que le rodeaban.

Estaba yo allí, mirando aquella escena que había recreado en mi mente varias veces y en todas las veces que la recreaba habían diferentes reacciones que iban desde peleadera y haladera de greñas hasta una simple tocada de hombro, acompañada de una sonrisa sarcástica y las felicitaciones de mi parte por la nueva pareja. Sin embargo, nada de eso pasó, yo sólo los vi y les pedí a mis secuaces que arrancaran el carro y nos fuéramos del lugar. Para mí, había sido suficiente prueba, además de profundamente doloroso, por lo que no me quedaban fuerzas ni ganas para desgastarme con enfrentamientos absurdos que poco valían la pena.

Ese día, esperé que llegara a la casa y lo enfrenté, le expliqué lo sucedido, lo que había visto y le entregué todas sus pertenencias las cuales ya le había colocado en bolsas de basura. Él aceptó su culpa, trató de disculparse pero supo por mi cara que no había nada que podía hacer o decir. Eran mucho años de conocernos para no saber cuándo se trataba de un caso perdido.

Luego de eso me buscó algunas veces tratando de disculparse y hasta en alguna ocasión llegó a mencionar la posibilidad de reconciliación, sin embargo, todo estaba perdido, habían sido muchas mentiras, muchos engaños, muchas heridas y no había vuelta de hoja. En lugar de la reconciliación, le entregué los papeles de divorcio y le pedí que los firmara, esa fue la última vez que lo vi en mi vida. Luego de eso se esfumó como se esfuman las cenizas en el viento hasta que se convierten en nada.

Hoy, mucho años después de aquel episodio de mi vida, puedo agradecerle a El Rey Momo el haber existido en este caminar, porque con él viví parte de mi existencia, crecimos juntos y aprendimos juntos muchas cosas sobre la vida, sobre la convivencia, la amistad y el amor; estoy segura que aquellas experiencias formaron parte de mi carácter y me ayudaron a meter contenido a mi mochila para seguir creciendo y aprendiendo en este viaje de la vida.

De todas las experiencias, por más duras que hayan sido, siempre aprendemos y siempre hay algo lindo que podemos rescatar. Por eso te invito a que tengas la seguridad que detrás de cada tempestad siempre sale el sol y que cuando sale, siempre lo hace con más fortaleza y más bello que antes.

“El tiempo de Dios es perfecto”

 

3 comentarios sobre “El Rey Momo

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