ACOSO LABORAL

acoso-laboral-12-728Hoy me gustaría hablar un poco sobre este tema porque es algo que sucede con frecuencia en las empresas y que debe ser evitado a toda costa. Personalmente he sido víctima de Acoso Laboral y hasta que no lo sufres no tienes idea de lo angustiante y terrible que se siente. Les cuento un poquito de la historia con la finalidad de crear conciencia y estén siempre alertas para no permitir este tipo de abusos.

Comencé a trabajar muy feliz en un empresa en donde tenía amplio campo para desarrollarme como profesional, todo iba viento en popa y me encantaba mi trabajo!!, mi jefa era siempre estricta y muy seria conmigo pero dentro del límite de lo normal y razonable por lo que no sentía ningún tipo de anomalía. Todo el trabajo que me entregaba lo terminaba y a satisfacción. Posteriormente, me fui destacando en la empresa y empezaron a darme más asignaciones, hasta el punto de ascenderme de puesto. Con el cambio de puesto no hubo cambio de jefa porque ella seguía siendo la Directora de la Sección en la que yo me encontraba, así que continuaba siendo mi superior directo. Me asignaron algunos viajes en donde tenía como finalidad conocer nuevos clientes y expandir la propuesta de negocio de la empresa, de los cuales conseguimos en efecto tener algún éxito. Mi jefa me pedía que le hiciera escritos legales que luego ella utilizaba en sus procesos, con lo cual yo me sentía feliz de poder ayudarla, y posteriormente fue cargándome de más y más trabajo, hasta que llegó el punto que yo llegaba a la oficina a las 7:00 a.m. y salía a las 11:00 p.m., asistía los fines de semana e incluso los días feriados. En algunas ocasiones en que tuve que ir a la oficina en días feriados me llevaba a mi mamá para que me ayudara a sacar copias y poder tener todo al día. No obstante lo anterior, todo lo hacía con el mayor de los gustos porque en mi cabeza pensaba que todo ese esfuerzo tarde o temprano sería reconocido.

Algunos de mis compañeros, que ya me tenían en estima luego de un año de estar laborando juntos, comenzaron a contarme que yo era la persona que más había durado en ese puesto ya que todos los anteriores habían durado un promedio de 6 meses porque no habían aguantado a mi jefa. (Inclusive había apuestas de que cuánto tiempo iba a durar yo, sin embargo ya había roto todos los récords). Yo me ponía a pensar que probablemente esas personas no habían aguantado el ritmo de trabajo y lo estricta que ella era, pero que independientemente de eso, no me parecía que había nada extraño con ella.

Un día, escuché cómo le gritaba a su Secretaria de muchos años y me espanté, vi como la chica salió llorando de su despacho y recordé todas las cosas que me habían contado sobre ella. Sentí compasión por la muchacha y le pregunté qué le había pasado, a lo que ella me contestó que nada, que la jefa era así, que cuando estaba de malas, ESTABA DE MALAS!! y que mejor ni me acercara por su oficina en todo el día.

Al cabo de algunas semanas ya se me había pasado el susto y me parecía que todo iba normal en la oficina, hasta que hubo otro incidente con una pasante que también regresó llorando de la oficina de la jefa y que al cabo de pocas semanas de ese incidente renunció. Me dijo: “Yo no estoy dispuesta a aguantarme gritos de nadie. Para eso tengo a mi papá y a mi mamá”. (y cuánta razón tenía!!!)

Me quedé asombrada de su determinación y de lo fácil que era para ella dejar el trabajo aún cuando todavía no había conseguido ningún otro a donde irse. Y me quedé pensando que hasta ese momento yo no sentía que a mí me había faltado al respeto porque no había recibido gritos ni insultos de su parte.

Yo estaba para esos entonces preparando mi boda, enredada con la mudanza hacia el que sería nuestro primer apartamento de casados; sin embargo recuerdo que no tenía casi tiempo para los preparativos porque siempre tenía que quedarme hasta la noche trabajando, incluso recuerdo que no pude ir el día de la degustación del menú de la boda porque mi jefa no me dio permiso. (Y a pesar de eso, yo le seguía teniendo estima) Gracias a Dios tenía vacaciones acumuladas y me dieron unos días para la boda y luego para irme de Luna de Miel, en ese tiempo ella quedaba encargada de supervisar a los pasantes y al Asistente que debía verificar los procesos tanto judiciales como administrativos que llevábamos en el Departamento.

Cuando regresé a la oficina, el trabajo siguió tal y como lo había dejado, con la pequeña diferencia de que mi jefa ahora estaba más irritable. No era mucho lo que podíamos dialogar sin que ella fuera alterándose rápidamente.

Recuerdo que el primer episodio en donde realmente me sacó de onda fue cuando estábamos en un Congreso en el extranjero al que nos había enviado la Oficina y luego de recibir la llamada de uno de los Directores preguntándole el estatus de unos Registros, ella se alteró tanto que luego de gritarme cogió sus maletas y se regresó a Panamá, dejándome a mí con cara de signo de interrogación en aquel país.

Luego de eso, cada día fue empeorándose la situación, sin embargo yo trataba de mantener la calma y mi optimismo. Cada día que me despertaba lo veía como una nueva oportunidad para que fuera un día mejor. Sin embargo, cada día regresaba a casa con una nueva anécdota de gritos y locura total. Ahora que lo pienso, creo que lo que más rabia le daba era que ella gritaba como una loca desaforada mientras que yo permanecía en perfecto control y sin alterarme, eso hacía que le diera más rabia todavía y que se pusiera peor. En fin, comencé a creer que definitivamente ella estaba desquiciada.

Pronto comencé a recibir trabajo de los Directores de otras áreas y eso me daba la esperanza de que pudieran cambiarme de Departamento y  así no tener que seguir bajo las ordenes de este ser tan inestable. Sin embargo,  pasaba el tiempo y yo seguía despertándome cada mañana pensando cómo sería mi día y ella amanecía cada día con una nueva forma de hacerme el trabajo miserable, pero a pesar de eso yo siempre salía a flote con buenos reportes, felicitaciones de los clientes y trabajos bien ejecutados, todo lo cual me daba una luz de esperanza al final del túnel.

Algunas personas de la oficina eran de la opinión que la actitud que la jefa había adoptado se debía a celos profesionales debido a mi buen desempeño y que no debía hacer caso a sus gritos y sus malos modos. Ya habían pasado dos años desde que había llegado a esa oficina y seguro que las cosas no podrían ir para peor, o por lo menos eso pensaba yo.

Un día, revisando los procesos administrativos me di cuenta que uno de ellos había salido durante mis vacaciones y no encontraba ningún reporte del mismo por lo que fui al despacho de la jefa (no sin antes persignarme y rezar un par de Ave Marías) para que verificáramos si ella había recibido el reporte y si el mismo se había contestado.  Por supuesto que cuando le mostré la documentación, ella se dio cuenta que eso no lo había visto y que ya el término para poder responder se había vencido por lo que había que volver a hacer el trámite. En ese momento abrió la boca y pegó NO CUATRO SINO 100 MIL GRITOS!!! y me culpó a mí de esto. Yo le expliqué que eso había sucedido durante mi ausencia; inclusive llevé a la oficina copia del pasaje de avión y del sello de salida y de entrada de mi pasaporte para probar que la Resolución había sido emitida durante mi ausencia y que ellos debían haberle dado seguimiento a la misma, cosa que no habían hecho y ahora era mucho más fácil echarme la culpa a mí.

De todas formas y a pesar de todos los gritos y lo horrible que me trató, yo estaba decidida a remediar la situación y a que el trámite saliera de conformidad con lo que se necesitaba y le busqué todas las soluciones habidas y por haber, una de las cuales se puso en ejecución con éxito.  Sin embargo, ella insistía en que yo era lo peor que la tierra había dado y comenzó a hacer campaña con los Directores para que me despidieran, uno de ellos habló conmigo y me dijo lo que estaba pasando para que estuviera alerta y supiera que hasta el momento los Directores no le habían hecho caso, sin embargo tuviera en cuenta que ella era hija de uno de los dueños del lugar y seguramente seguiría haciéndome la vida imposible y probablemente conseguiría que su padre metiera presión al asunto.

No contenta con todo lo que estaba haciendo, comenzó no sólo a gritarme, si no también a insultarme, me decía cosas como que yo no servía para nada; que era una inútil y me retiró todos los expedientes que estaban a mi cargo.

Recuerdo perfectamente bien, cómo llegó a afectarme tanto que cuando la veía me temblaban las manos y se me secaba la boca. Así me di cuenta que la cosa ya me estaba afectando a otro nivel.

Comenzó a convertirse en una verdadera pesadilla y en la sucursal particular del infierno, tanto así que todos los días cuando me levantaba para ir a trabajar me ponía a llorar cual niño de 2 años en su primer día en el maternal.

Un día le fui a entregar una Resolución que me habían dado en una Institución del Estado y que pertenecía a uno de los expedientes que yo había estado tramitando con ella. Cuando llegué a la oficina me acerqué a su despacho para entregársela, ella se paró de su silla, me miró fijamente y me dijo gritando con todas sus fuerzas: “TE DIJE QUE NO QUIERO QUE TOQUES NADA MÍO!!! LÁRGATE DE MI OFICINA!! TE HE DICHO QUE ERES UNA INÚTIL, QUE NO SIRVES PARA NADA!!”

Por supuesto salí más rápido que ligero de su oficina, estaba muy afectada por la situación, temblaba, lloraba, estaba completamente descompensada, llegué a mi escritorio y me puse a pensar como esta inútil a la que ella se refería era la que hacía todos los escritos legales, incluyendo demandas que ella tenía que presentar y que seguramente presentaba como suyas sin darme ningún crédito; recordé cómo todos los trámites que enviaban los clientes estaban al día y recibidos a satisfacción; vino a mi mente cómo yo había sido capaz de ser reconocida por mi talento en numerosas ocasiones por otros jefes y Directores de otros departamentos y me puse los pantalones, que no sé a dónde se me habían quedado hasta ese entonces, (FUE COMO UN GOLPE QUE ME HIZO REACCIONAR DE PRONTO!!) redacté mi carta de renuncia, la llevé al Ministerio de Trabajo, regresé a la oficina y se la puse en el Escritorio a la Jefa de Recursos Humanos, no sin antes decirle la clase de acoso laboral del que había sido víctima y todos los atropellos que había sufrido. La cara de la mujer de recursos humanos nunca se me va a olvidar, porque me miraba con cara de susto y tenía los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir las pupilas disparadas( jajajajaj). Y es que nunca me había visto disgustada y menos TAN ENOJADA COMO ESE DÍA!!! porque eso sí, a las buenas, BUENA!! pero a las malas, NO ME QUIERAS ENCONTRAR!!

Y fue así cómo después de tanto aguante, decidí romper con las cadenas del Acoso Laboral del que era víctima.  Creo que nunca sentí tanta tranquilidad en toda mi vida como el día que salí por la puerta de esa oficina sabiendo que no iba a tener que regresar NUNCA MÁS!!

Si estás sufriendo algún tipo de acoso laboral, físico, psicológico e incluso acoso sexual, NO TE QUEDES CALLADO!! DENUNCIALO!! No es normal que te traten mal en el trabajo, ni que te griten, ni que te sobrecarguen de trabajo hasta el punto de prácticamente no tener vida y mucho menos debes soportar insultos de nadie. Todo esto constituye acoso laboral y debe ser reportado para evitar que a otras personas les pase lo mismo.

#vamoscontodo #sisepuede #estoesvida

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